Mitos sobre la fauna costarricense: la Boa

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Serpiente Boa o Bécquer (BOA IMPERATOR)

La cultura popular costarricense, como en toda Latinoamérica, es muy rica en historias llenas de fantasía e imaginación sobre muchos tipos de animales silvestres que habitan en sus bosques y montañas. La relación y encuentros de nuestros campesinos a lo largo del tiempo con estas especies ha dado lugar a innumerables anécdotas donde se mezclan el temor a lo desconocido, la ignorancia, la exageración, toda clase de conceptos o prejuicios religiosos y una retorcida interpretación de la realidad. Estas historias se han ido transmitiendo de generación en generación, conservando así la esencia de los mitos y creencias que hoy son parte integral de nuestro folclor.

La serpiente Boa (Boa imperator) es la especie de serpiente más larga y voluminosa que habita en Costa Rica y en América Central.

La serpiente Boa (Boa imperator) es la especie de serpiente más larga y voluminosa que habita en Costa Rica y en América Central. Puede alcanzar hasta 3,8 metros de longitud (se han encontrado ejemplares de casi cinco metros de largo), aunque el promedio usual de los adultos es de dos a tres metros. Su cuerpo robusto puede alcanzar hasta 40 cm de circunferencia y pesar hasta 20 kg o más. Esta especie es común en casi todo el país, desde el nivel del mar hasta unos 1,500 m de elevación. Se moviliza tanto en el suelo como sobre la vegetación y puede ser activa en cualquier momento del día o la noche. Se alimenta de una gran variedad de mamíferos, aves y lagartijas de pequeño a mediano tamaño, a los que captura e inmoviliza por “constricción”,  lo que quiere decir que enrolla su cuerpo sobre la presa y la presiona fuertemente hasta que esta muere por sofocación e insuficiencia circulatoria. Su reproducción es vivípara, pues las crías se desarrollan completamente dentro de la madre y nacen listas para sobrevivir de forma independiente. Los partos pueden alcanzar hasta 65 crías. Las boas no son venenosas, pero la mordedura de ejemplares adultos puede resultar dolorosa y causar heridas considerables.
Esta especie muestra una notable capacidad para sobrevivir y adaptarse a todo tipo de alteraciones dentro de su hábitat natural. La encontramos desde los bosques primarios hasta  zonas rurales y urbanas densamente pobladas, donde acostumbra ocultarse en los techos o debajo de los pisos y/o escombros de todo tipo de construcciones, incluyendo casas, bodegas, etc.

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Alrededor de esta especie se han entretejido los más variados mitos y creencias, algunos de los cuales detallamos a continuación:

Se afirma comúnmente que las boas son venenosas a ciertas horas del día. Esto es falso y carente de sentido, pues ninguna serpiente puede desarrollar glándulas venenosas en un momento y después eliminarlas. Una especie es venenosa o no lo es, y probablemente esta creencia se originó al confundir a una boa con alguna especie venenosa que ocasionó un accidente a determinada hora del día o la noche.

Otra creencia muy arraigada en nuestros campesinos es que afirman que las boas dan a luz a otras especies de serpientes, tanto venenosas como no venenosas, lo cual es totalmente falso, pues una especie solo tiene crías de su propia especie.
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Debido al gran tamaño que alcanza y a la forma en que captura e inmoviliza sus presas, muchas personas afirman que las boas son capaces de estrangular a un ser humano si al capturarla o manipularla se le permite a la serpiente enrollarse sobre el cuello. Esto no es cierto, ya que las boas solo utilizan su poderosa fuerza muscular como parte de su comportamiento alimenticio y no como una respuesta defensiva. Lo que ocurre es que al tomar a la serpiente por el cabeza y levantarla del suelo, por instinto esta tiende a querer soltarse de su captor y al mismo tiempo asirse fuertemente por temor a caerse. Si la boa es grande, la presión es tan fuerte que puede malinterpretarse como si estuviera tratando de estrangular, pero no es así.

Se afirma también que las boas adultas son capaces de comer animales tan grandes como una vaca o un cerdo doméstico. Esto es físicamente imposible para esta especie, pues aunque pueden tragar presas de cierto tamaño como venados jóvenes, pizotes, monos, iguanas o perros, anatómicamente no podrían con especies mayores. Está creencia se relaciona con el gran tamaño que alcanzan algunas especies relacionadas como la Anaconda suramericana y varias especies de pitones en África y Asia (entre siete y nueve metros de longitud), y que ocasionalmente devoran presas de tamaño considerable como antílopes, gacelas y cocodrilos.

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